Prostitutas de años relatos de prostitutas

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Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña.

Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.

Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Se llama evadir tu responsabilidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas.

No han sido forzadas a prostituirse. Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas. En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Alma, Corazón, Vida Viajes.

Barnés Contacta al autor. Tiempo de lectura 8 min. La actriz presenta 'La puerta abierta', una película de personajes femeninos, de lucha, de segundas oportunidades enmarcada en el duro ambiente de la prostitución. Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad. La Ley de Seguridad Ciudadana castiga de rebote a las prostitutas La 'ley mordaza' sólo castiga, en apariencia, a los "demandantes" de sexo, pero las prostitutas pueden incurrir en desobediencia si lo siguen ofreciendo.

Por Ana Goñi 1. Siempre me pareció una buena persona. Se llamaba Gabriel, a secas, como me pidió que lo llamara. Acababa de cumplir cuarenta y no trabajaba, vivía de algunas rentas. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto. Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa.

Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Tenía poco tiempo de haberme mudado al barrio cuando se pasó a vivir a la par de mi casa una mujer que alborotó al vecindario entero.

Yo tenía quince años. Si ella era la tonta de la historia, la que se enamoraba del que no era el indicado y terminaba pagando las consecuencias. Con el pasar de los años escuché muchas veces esa frase de boca de mis compañeros y amigos. Cada vez que lo hacían, venía con una carga emocional fuerte.

Era un estigma, era una carga pesada. Y tan fuerte era la palabra que muchas veces se decía en sentido ofensivo: Recuerdo que en séptimo grado, Jessica era novia de un muchacho del salón. Y a la semana siguiente terminaron y ella se hizo novia de otro chico del colegio, pero de un año superior. Todos en el salón le llamaron puta, especialmente su ex.

Comencé a considerar que la palabra, tan fuerte, tan dura, era también algo vacío, capaz de ser usada fuera de su contexto, sólo para herir.

Pero la gente siempre habla. Cuando cumplí 14, había salido una noche con Rina, Jessica, y mis dos hermanas al centro del pueblo. Íbamos a una feria y pasaríamos el rato comiendo comida chatarra y viendo los juegos. Cuando caigo en cuenta, veo a un chico algo mayor —tenía 18—, alto, de contextura fuerte, blanco, quien de seguidas me pidió disculpas.

Luego de las obvias acusaciones sobre su culpabilidad en el accidente, me invitó un trago y nos retiramos del sitio. Charlamos durante un buen rato. Me cayó muy bien. Me dijo que era de la capital, que estaba allí de vacaciones pero que le gustaba mucho el pueblo. Contaba chistes, decía cosas interesantes, había viajado fuera del país y conoció Francia, y todo eso me deslumbraba. Jessica, que tenía 15, no los tenía del mismo tamaño que yo y solía hacerme algo de burla de vez en cuando.

Sé que ella y Rina querían tenerlas como yo, pero a esa edad, sinceramente, no le di mayor importancia, aunque me gustaba que algunos chicos me miraran allí cuando usaba escote o cuando usaba alguna camisa ajustada. Y él lo hacía con algo de regularidad esa noche.

Ya era un poco tarde, las muchachas me hicieron señas para regresar, pero El chico me dijo que me llevaría, ya que el camino a casa no era tan lejos ni difícil de transitar. Yo no podía creerlo: Y un chico de ciudad. Un chico que me gustaba.

Caminamos un poco por la feria y a ratos, nuestras manos chocaban. Supe que era una treta porque ya no quedaba nada del perfume en mí gracias a la cerveza, pero accedí. Se quedó un rato pasando su nariz delicadamente por mi cuello, haciendo círculos en él.

Yo cerré mis ojos y me excité. Las danielas siempre tienen buenas historias que contar Me gustó muchísimo tu relato, tu manera de descripción es realmente talentosa. Espero con ansias el siguiente capítulo. Tu talento para escribir es notorio, de verdad que necesito seguir leyendo esta historia. Gracias, mi querida paop Tu apoyo ha sido fundamental para mi. Comenzar a narrar mi historia siempre es complejo. La gente te condena sin saber tu realidad.

Se paseaba totalmente desnuda por el patio central cuando no le caían clientes a su cuarto. Algunos en lugar de sentirse atraídos pensaban que estaba loca.

A las mujeres no les gustaba que se exhibiera y regaban la bola de que tenía sida. Entre los colegas que venían de Honduras para entrenamientos en Guatemala estaba Francisco, un compañero un tanto nervioso pero buena onda que había venido varias veces. Era bueno en su trabajo y cumplía sus metas de ventas, así que los dueños de la empresa estaban contentos con él.

Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería. Siempre me pareció una buena persona.

Se llamaba Gabriel, a secas, como me pidió que lo llamara. Acababa de cumplir cuarenta y no trabajaba, vivía de algunas rentas. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto. Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa. Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.

De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído.

Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años.

Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales.

Cuando finalmente te regañaba , y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado. Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus.

Crees que tienes derecho. Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad Documental 'Prostitución sin censura'. Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña.

Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.

Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Se llama evadir tu responsabilidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a prostituirse. Tengo muchas experiencias en la prostitución.

Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas. En Titania Compañía Editorial, S.

Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Alma, Corazón, Vida Viajes. Barnés Contacta al autor.

prostitutas de  años relatos de prostitutas No me tenía que tratar así, si igual él nació de una mujer. Su cara es pensativa. Ella gemía y mi hermano, se quitó el pantalón, y también se tocó. Les respondió que si ellas iban a pagar lo que él consumía, ya no lo dejarían entrar. La gente te condena sin saber tu realidad.

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